La historia del aperitivo en Nápoles: tradición, cafés históricos y la evolución del spritz

La historia del aperitivo.

El aperitivo en Nápoles no es solo un momento del día.
Es un suspiro antes del anochecer, una pausa luminosa entre el trabajo y la vida, un ritual que combina historia, sabor y una manera muy particular de entender el placer.
Si hoy las terrazas del lungomare se llenan de copas color naranja y risas, es porque detrás de ese gesto cotidiano se esconde una tradición que viene de lejos, mucho más antigua y fascinante de lo que parece.


De Roma a Parténope: los orígenes del aperitivo

La palabra aperitivo nace del latín aperire, “abrir”, porque abría el apetito antes de la comida.
Los romanos ya lo practicaban: antes del cenae, bebían vinos especiados o infusiones que estimulaban el paladar.

Nápoles, heredera directa de ese espíritu mediterráneo, adoptó esta costumbre desde muy temprano.
En la época grecorromana, los habitantes del golfo solían beber bebidas aromáticas a base de hierbas locales —hinojo, limón, romero— antes de sentarse a comer. Era un modo de preparar el cuerpo, sí, pero también de preparar el alma.

En aquella Parténope antigua ya existía la idea de pararse, conversar, degustar. Una idea que nunca abandonaría la ciudad.


La historia del aperitivo en el siglo XIX: la edad dorada de los cafés napolitanos

En la historia del Aperitivo el ritual, tal y como lo conocemos, comienza a tomar forma entre el siglo XVIII y XIX, cuando Nápoles era capital del Reino y una de las ciudades más cosmopolitas de Europa.

En aquella época nacen los grandes cafés históricos, templos del pensamiento y la sociabilidad:

  • Caffè Gambrinus, abierto en 1860, punto de encuentro de músicos, escritores, artistas y políticos.
  • Caffè Aragonese, frecuentado por aristócratas y viajeros.
  • Caffè del Professore y otros salones donde se bebían vermuts artesanales, vinos de licor y los primeros “aperitivos amargos”.

Allí se popularizaron las bebidas amargas (amari), importadas del norte de Italia o elaboradas por boticarios locales que mezclaban hierbas medicinales con alcohol para “despertar” el apetito.

Imagina aquellos salones con techos dorados, mármol brillante y olor a café recién molido mezclado con perfume cítrico.
Es el nacimiento del aperitivo elegante, de conversación pausada y música de fondo.


El siglo XX: llega el spritz a la vida napolitana

Aunque hoy parece que el Spritz es tan napolitano como la pizza, su origen está en el noreste de Italia, en la época del Imperio Austrohúngaro.
Los soldados diluían el vino con agua carbonatada —spritzen— y con el tiempo se añadió un licor amargo como Aperol o Campari.

¿Y cómo llega a Nápoles?
A través de dos caminos inevitables:

  1. La modernización del turismo en los años 70–80, cuando el spritz se convierte en una bebida ligera, estética, veraniega.
  2. La cultura del “aperitivo social”, que explota en Italia en los 2000, especialmente entre jóvenes que buscan una bebida fresca, colorida y no demasiado fuerte.

En Nápoles, el spritz encuentra su alma mediterránea:
se bebe con vistas al Vesubio, acompañado de taralli crujientes o una mozzarella fresca, entre risas y conversaciones vivas.

Hoy, la ciudad ha desarrollado incluso sus propias variaciones:

  • Limoncello Spritz, fresco y aromático.
  • Amalfi Spritz, con licores de la Costa.
  • Spritz vulcanico, con amaros artesanales de Campania.

El spritz, adoptado con cariño, se convierte en símbolo de una Nápoles moderna pero fiel a su esencia.


El aperitivo se vuelve festín

Mientras en otras ciudades el aperitivo es ligero, en Nápoles evoluciona hacia algo más generoso.

La cultura de los buffets, las montanarine, la frittatina di pasta, los taralli, las pizzette… todo eso convierte el aperitivo en un pequeño banquete popular.
Es una extensión natural de la hospitalidad napolitana: donde hay una bebida, debe haber algo para picar; donde hay un amigo, debe haber abundancia.

Esta exuberancia forma parte de la identidad de la ciudad: en Nápoles se celebra la vida a través de lo que se comparte en la mesa.


Aperitivo con vistas: el rito moderno

Hoy, el aperitivo en Nápoles se vive al aire libre:

  • Lungomare Caracciolo, con el mar moviéndose suave y Castel dell’Ovo como guardián.
  • Chiaia, elegante y vibrante.
  • Vomero, con terrazas panorámicas que iluminan la ciudad.
  • Piazza Bellini, bohemia y joven.

El escenario es siempre protagonista, porque en Nápoles el aperitivo no es solo sabor: es atmósfera.


Conclusión: un ritual que nunca pierde su magia

Desde las infusiones romanas hasta los cafés decimonónicos, desde el vermut artesanal hasta el spritz moderno, el aperitivo en Nápoles es la prueba viva de que algunas tradiciones se transforman sin perder su esencia.

Sigue siendo lo que siempre fue:
un momento para detener el tiempo, para celebrar lo cotidiano, para compartir la belleza simple de beber algo bueno en compañía de quien queremos.

En Nápoles, el aperitivo no se toma.
Se vive.

Salute, y gracias por acompañarme en este viaje por la historia.

Con cariño,
Vuestra chica napolitana!

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